COVID-19 ¿Por que hay que llevar mascarilla?

En muchas ocasiones se ha puesto en duda el uso de las mascarillas, incluso al inicio de la pandemia las autoridades sanitarias creían que no era necesario llevar mascarillas, de manera cotidiana, excepto en el caso de tener síntomas de la enfermedad o si era personal sanitario. Pero ahora parece que se va cambiando de opinión y se va consolidando que el hecho de llevarlas, de forma cotidiana, aporta muchos beneficios a la hora de reducir el factor de transmisión. Las razones más destacables para este uso cotidiano de las mascarillas son las siguientes:

  • Hay personas asintomáticas, es decir que tienen el virus, no desarrollan la enfermedad, pero son portadores de ella.
  • Hay personas presintomáticas, es decir, que aún no han desarrollado los síntomas de la enfermedad, pero tienen el virus y pueden transmitirlo antes de que se presenten estos síntomas.

Sabemos que el virus se transmite muy fácilmente por las gotas de saliva (partículas de Flügge) que se expulsan al toser, estornudar, o simplemente hablar, cuando las personas interactúan a poca distancia (supermercados, transporte público, etc.). Se entiende fácilmente que la barrera en la emisión de dichas partículas que ofrecen las mascarillas es importante a la hora de limitar los contagios.

De entre todos los tipos de mascarillas que podemos encontrar, yo destacaría dos, las quirúrgicas, que limitan mucho la expulsión de partículas, con los beneficios comentados anteriormente, pero que protegen poco de las partículas que nos puedan llegar de otras personas que tengamos muy cerca y que no lleven mascarilla, y las filtrantes sin válvula (habitualmente suelen ser de tipo FFP2) que tienen mejor protección en los dos sentidos, es decir limita tanto la entrada como la salida de organismos infecciosos. De todas formas, no descartemos cualquier otra mascarilla o elemento de protección que evite la emisión de estas gotas de saliva, aunque no sea perfecto, porque siempre ayudará a minimizar el problema.

La otra forma de contagio habitual, que ya nos han explicado las autoridades sanitarias en muchas ocasiones, es a través del contacto de las manos con las superficies contaminadas y el posterior contacto de nuestras manos con la boca, nariz u ojos. Acciones que hacemos en muchas ocasiones sin darnos cuenta.

Las superficies se pueden contaminar de diversas formas, pero una de ellas son las mismas gotas de saliva que hemos comentado antes y que, al caer, se depositan sobre estas superficies. Si eliminamos este factor de contaminación, ayudamos a minimizar el número de superficies contaminadas y, así, reduciremos la transmisión de la enfermedad.

De hecho, en países como China, Corea, Japón, …, han obtenido resultados muy positivos.

El pequeño esfuerzo que nos supone llevar mascarilla compensa con creces el resultado que conseguimos a la hora de limitar la transmisión de la enfermedad.


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